El tratamiento aeróbico necesita oxígeno, por lo que la aireación lo convierte en un consumidor neto de energía. El tratamiento anaeróbico funciona sin oxígeno y transforma la carga orgánica en biogás, lo que suele generar entre cuatro y siete veces más energía de la que consume una planta aeróbica para la aireación con la misma carga. Además, produce entre cinco y diez veces menos lodos. Las cifras exactas dependen de la composición de las aguas residuales, la temperatura y el diseño de la planta.